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La literatura también puede nacer de la conversación

Por Karina Medina Pino


Sentada en el pretil es un libro divertido. Sus relatos están llenos de conversaciones inesperadas, “metidas de patas”, impruedencias y anécdotas que se quedaron grabadas en la memoria de Velia Jirado para transformarse en treinta y cinco cuentos originales llenos de humor y cercanía.

Con una escritura ágil la autora nos demuestra quela literatura es la vida misma, que incluso los momentos más simples de la vida diaria pueden contener historias dignas de ser contadas.

En estas páginas desfilan personajes fáciles de reconocer: vecinos, taxistas, mototaxistas, empleados, profesores, estudiantes, bailarines, en fin, un mosaico de nuestra gente que refleja, con gracia y espontaneidad cómo somos en el Caribe.

Sin embargo, el encanto de este libro no radica solo en el humor. Detrás de muchas de estas historias también se percibe una mirada atenta a la condición humana, a esas pequeñas contradicciones y sorpresas que forman parte de la vida de todos. Velia Jirado se detiene con sensibilidad en personajes que cargan penas o fragilidades, y logra mostrar cómo, incluso en medio de lo cotidiano, se esconden emociones profundas.

En algunos relatos el tono ligero se transforma en una reflexión más íntima. Aparecen entonces historias que conmueven: ancianas enfrentadas a los estragos de la vejez o de la pérdida de la memoria, jóvenes que luchan con sus propios conflictos interiores, personas solitarias que encuentran en una conversación casual un instante de compañía. La autora deja que la humanidad de sus personajes se revele con naturalidad.

Es precisamente esa combinación —el humor que hace sonreír y la sensibilidad que invita a pensar— lo que le da al libro su mayor riqueza. Porque, al final, estas historias nos recuerdan que la vida cotidiana está hecha no solo de ocurrencias y momentos divertidos, sino también de esas emociones silenciosas que nos acercan unos a otros.

Otro elemento que atraviesa el libro es la superstición, tan arraigada en la cultura popular de Cartagena y sus alrededores. Velia recoge esas creencias que forman parte del imaginario colectivo: los presagios, los rumores, los relatos que circulan de boca en boca. Entre ellos aparecen también nuestros mitos locales, como la historia de la novia que se aparece a la entrada de Turbaco, cerca del cementerio, una figura que habita desde hace tiempo en las narraciones de la región y que aquí vuelve a cobrar vida en la voz de la autora.

Su tono sencillo logra crear una complicidad inmediata con el lector. Leer estos relatos, literalmente, es sentarse en el pretil de nuestra casa y ver pasar a nuestra gente por el frente para disfrutar de las picardías, gestos y sus maneras de ser.

Velia no necesita grandes artificios narrativos: le basta con observar, escuchar y narrar con sinceridad.

Al final, Sentada en el pretil nos recuerda algo esencial: que la literatura también puede nacer de la conversación, de la memoria y de esos momentos simples de la vida diaria que, cuando se cuentan bien, terminan convirtiéndose en historias que permanecen.


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"Hablar de literatura, pues, es hablar de la vida; de la vida propia y de la de otros, de la felicidad y del dolor "
​Rosa Montero

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